Saludos, Doña Muerte

Todo parecía ir a peor. Conducía en medio de un atasco en la A5.  La lluvia golpeaba mi coche con la furia de los dioses. El reloj marcaba las 9:10 y yo tenía que fichar en el curro antes de las 9. Decidí llamar a mi jefe, pero el móvil parecía no tener cobertura. Decía “sin red”, o algo así… La manada de coches se movía unos segundos entre intervalos de dos o tres minutos. Yo me llamaba Mario y era uno entre los conductores de cientos de utilitarios en la carretera. Me pregunté quién sería el imbécil que permanecía a la cabeza del rebaño. Imaginé a un loco divirtiéndose entre los carriles. Maldito enfermo psicópata. Pensé que sería mejor relajarse un poco y puse la radio, buscando algo de música que consiguiese evadirme de la realidad. Sonó David Bustamante: el mundo estaba enfermo y no tenía remedio. Todos mis compañeros de la A5 lo sabían de alguna manera, pero solo podían intentar avanzar entrecortadamente.

Empezó a oler a quemado. Lo que me faltaba, seguramente el motor no aguantaría esto. Si apenas podía aguantarlo yo, mucho menos lo haría un Ford Escort de 17 años. De pronto noté cierto matiz de podredumbre que se mezclaba con el olor a chamusquina. ¿Un gato en el motor?

-¡Mierda!- grité.

-No es mierda, huele a muerte -me contestó una voz ronca y hueca.

Se parecía a mi voz, pero en mujer, y venía del asiento trasero. Miré en el retrovisor: solo mis ojos y lluvia. Giré el cuello y vi al espectro, si es que se le puede llamar así.  Enseguida la reconocí, como el que ve un rostro familiar que había olvidado. Era la mismísima Muerte. La Muerte accedió con cierta dificultad al asiento del copiloto.

-Vamos a ver, Mario… ¿A dónde vas?

-A… trabajar…- dije con miedo a que mi respuesta no le gustase.

-Ah, claro… Te veo un poco alterado, ¿hay algún problema?

Pensé que era una broma de mal gusto. Mi propia Muerte riéndose de mí.

-¿A ti qué te parece? No es el mejor día de mi vida- apagué la radio.

-¿Quieres decir que estás listo para morir? En eso puedo ayudarte.

 -Vamos, nadie lo está… ¿qué mierda de pregunta es esa? ¿la has sacado de un spaguetti western?

-Mario, cuando no quieras vivir yo puedo ayudarte a que dejes de hacerlo… llevo en esto toda tu vida.

-¿Pero por qué a mí? Vete a por mi vecino, es un facha con depresión.

-Idiota, no has entendido nada… yo solo trabajo para ti.

La Muerte cogió mi cigarro electrónico.

-¡¿Qué coño es esto?! –gritó. Sacó un paquete de Fortuna y me ofreció uno. Fumamos juntos bajo el estruendo de la lluvia golpeando el capó. La Muerte y yo reduciendo la suerte a cenizas.

-Mira amigo, he notado que últimamente te falta motivación.

Vi como los conductores de los demás vehículos yacían en la misma posición, mirando al vacío. Escuchando a Bustamante o a cualquier otro suministro tóxico.  Sentados sobre el asfalto.

El camión que circulaba detrás de mí empezó a pitar. Tocaba avanzar otros cinco metros.

-Ya pero no soy el único. Todo el mundo anda jodido. ¿No lo ves?

– Cierto, pero no voy a ponerme a juzgar a todo el mundo. Mira, todos ellos tienen a su propia Muerte.

Me fijé y era cierto. Una muerte en cada asiento trasero de cada coche. Las había de todo tipo: altas, bajitas, con pelo corto, flacas, gordas, niñas, ancianas…

-Menudo baile.

-¡Jajaja…!- rió mi Muerte. –Huele a podrido, ¿qué llevas en el maletero?

Recordé que no había sacado la compra que había hecho dos días atrás… No era mi Muerte lo que olía, era la muerte de los productos del súper, la muerte del consumo semanal.

– Llevo un kilo de judías verdes, chuletas de Sajonia, un kilo de peras, un pollo, yogures y una botella de vino Rioja. Además he comprado unas plantillas de zapato que amortiguan la pisada, son caras pero espero que merezcan la pena…

-Eres ridículo. Mira Mario, no te quiero engañar… Mereces la muerte.

La Muerte alargó su huesudo brazo y consiguió sacar la botella del maletero. La descorchó y me ofreció beber.

-Está prohibido, conservo todos mis puntos de circulación.- dije como intentando distraer un destino fatídico.

-¡Jajaja!- volvió a reír la muerte.- Me caes bien.

El camión volvió a pitar. Avancé de nuevo.

Poco a poco parecía aligerarse el tráfico, las detenciones eran mucho más cortas.

Mi Muerte y yo permanecíamos en silencio. Sentí lástima por la humanidad. Tan ridículos entre nuestros atascos y nuestros supermercados. Había tardado quince minutos en decidirme por las judías verdes y había pedido que me pesasen las chuletas de Sajonia dos veces por si acaso. Yo era un estúpido, más aún que el resto de conductores.

De repente estallé a reír. Todos allí con las manitas sobre el volante, hacia… ¡vete tú a saber dónde! ¡Jajaja! Me pareció una escena de lo más entrañable.

La fila de coches se detuvo en un frenazo espectacular. Vi cómo el camión al que precedía se abalanzó sobre mi pequeño ataúd de lata. La Muerte y yo nos miramos rápidamente. Ante mi miedo, la nada dentro de las cuencas de sus ojos…

Desperté con un fuerte dolor de cabeza. Seguía en la carretera, pero mi Muerte había desaparecido. Salí del coche a trompicones, y el otro conductor se había bajado del camión y venía gritando hacia mí. Emitía unos alaridos que traspasaban la locura. Como salido del infierno, apareció un pequeño coche amarillo llevándose al camionero por delante. Sus restos de hombre de mediana edad, quedaron esparcidos por el asfalto hasta que la lluvia volvió a dejar la calzada en su color habitual.

Mario Hitta

Las 5 lecciones más importantes que me ha dado la vida a mis 27

Hoy me he levantado un poco Freud y me he propuesto psicoanalizarme. Nunca es mal momento para hacer balance. He recopilado los principales cinco principios que soporta mi escasa experiencia vital. A lo mejor a alguien le interesa. Ahí van cinco auto-consejos en clave de coach que trato de no soslayar en mi día a día.

  1.  Sólo tú eres responsable de tus sentimientos

Le puedes dar las vueltas que quieras, pero esto es así, juégalo en tu ventaja. Conviértete en un riguroso gestor de tus emociones. En otras palabras, contrólate, ten calma, no seas reactivo. No eches la culpa a tus amigos cuando te
decepcionen (porque lo harán), date cuenta de que es una fantasía suponer que todo el mundo tiene que tratarte bien siempre. Encájalo con comprensión y empatía. En lugar de rabietas infantiles,
valora todo lo bueno que te den como un “extra”, no lo des por sentado. Esto también vale para cuando se echan novi@ o quedan contigo menos de lo que te gustaría. Agradece y exprime el tiempo que te conceden, quédate con lo que te aportan y luego déjales marchar sin rencor. Y no intentes cambiarles, no lo conseguirás…

    2.  Duda constantemente de todo, hasta de dudar

A veces es liberador aceptar que honestamente uno no tiene ni puta idea de lo que va la cosa. Ser voluble te hará sentir ingrávido. Mantente en un “relativismo relativo”, ten principios pero asegúrate de revisar su vigencia periódicamente. Si necesitas algún asidero espiritual para dar sentido a tu vida, sé preferiblemente agnóstico o politeísta, mejor eso que creer que hay sólo un dios verdadero y que es precisamente el tuyo. La duda te hará fluir con el mundo caótico en que vives. La inmensa mayoría de las cosas que te salen mal dependen de tantos factores que es absurdo sentirse culpable. Así que huye de las simples relaciones causa-efecto. Si tienes malos rollos en el trabajo no quiere decir que seas un inepto, si tu novia te ha dejado no es porque seas un desastre de tío… Defiéndete de tus propias certezas y verás que las demás no suponen una verdadera amenaza.

   3.  Cuidado con las tendencias que imponen los medios

 Toda la maquinaria del capitalismo funciona para que te sientas triste: el anuncio sobre la caída del cabello, las pop-ups de esta web, Jorge Javier Vázquez hablando de la nueva novia de Paquirrín… No entres en su juego. ¡Sorpresa! No necesitas un coche más caro, unas tetas más grandes, tener sexo todos los días, un puto i-phone 4, un novio más guapo… Lo más parecido al nirvana debe ser llegar a la conclusión de que la moda que te ofrecen te es tan ajena como la del alargamiento de cuello que se da en algunas tribus de Birmania.

   4.  Ríete de todo porque nada importa nada

 El sentido del humor será tu mejor aliado para distanciarte de las agresiones del medio. Ríete sin miedo, lo de menos es de qué, eso sí, empieza por ti mismo. No te tomes en serio, repasa las miserias de tu mente y de tu cuerpo y date cuenta de lo gracioso que resultas. Tus defectos te hacen único y son tan cómicos que cuando hayas acabado te sentirás más ligero. Si intentan hacerte daño estarás preparado para responder con una sonora carcajada.

   5.  Pelea por tu sueño

 No es obligatorio tener un sueño, pero si de verdad sientes que tienes un sueño pelea hasta el final. No dejes que nada ni nadie te desilusione. Crea tu propio ecosistema y mantente semipermeable al mundo exterior. Escúchales, pero desconfía tanto de los aplausos como de las críticas. Compite sin piedad pero sólo contra ti mismo y mantente alerta, pues siempre está el peligro de convertirse en un coñazo. Puedes evitarlo si recuerdas que no eres especial ni cagas oro. Trabaja todo lo que puedas (ten en cuenta que siempre será menos de lo que debas). Céntrate en lo que tienes delante, no seas la lechera del cuento. Sobre todo disfruta del camino, pásalo bien, deja que te enriquezca lo que haces, acepta que tienes muy pocas probabilidades de sacar algo más que eso de tu proyecto, así que más te vale disfrutar.

Y eso es todo. Al final me quedó un poco rollo libro de auto-ayuda. Ahora sólo me falta llevarlo a efecto. ¡Hasta otra!

Análisis poco riguroso y sacrílego de un clásico de Leonard Cohen (I)

Para pánico de los puristas una de las cosas que más me divierte en el mundo es adaptar clásicos de Leonard Cohen, uno de mis artistas favoritos, un maestro. Su grandeza para mí es tal, que cualquier intento de acercamiento a su obra y no digamos de manipulación, supone una cierta transgresión, como si bastase hablar de ello un poco a la ligera para convertirse en un provocador loco. Siento la tentación de lo que está prohibido. ¡Leonard Cohen HIJO DE PUTA! dice Ignatius Farray.

Perdona… no te he oído bien ¿qué me has llamado?

En fin, que hay algo que me empuja a sumergirme en esas letras profundas y oscuras, en esos versos rigurosos y certeros como flechas, para llevármelo todo a mi terreno y ver qué sale.

La canción que os presento hoy se llama “One of us cannot be wrong” (la tenéis al final del párrafo), que yo he traducido como “Todos no podemos estar equivocados”. Es muy complicado saber de qué nos habla concretamente la letra, pues como siempre hace este hombre, nos cuenta un millón de cosas a la vez, y podría pasarme el blog entero dándole vueltas al tema en un alarde de frikismo sin parangón. Pero tranquilos, no lo haré, os contaré sólo la interpretación más superficial que es en la que se basa mi adaptación al español (podéis escucharla más abajo).

Es la historia de un hombre abandonado al que todo le recuerda a la persona amada. Aparecen tres personajes que  le demuestran al fin y al cabo que no puede vivir sin ella, éstos son el doctor, el santo y el esquimal. Creo que se refiere a ellos con el título, es decir, alguno no puede estar equivocado, alguno estará en lo cierto en lo de que no puedo vivir sin ti… O algo así.

Pero vamos por partes. La canción empieza con el personaje principal jodido porque le han dejado, yo me lo imagino tirado en su cuarto y rezando para que vuelva la persona amada:

  • Original: I lit a thin green candle, to make you jealous of me.
  • Traducción: Encendí una delgada vela verde, para hacerte sentir celosa
  • Adaptación: Puse un altar en mi cuarto por que volvieras a mí.

Sin embargo todo sale mal, y por más que rece sólo acuden los mosquitos. Por motivos de la rima yo meto a un lagarto que repta por la pared (¿?).

  • O: But the room just filled up with mosquitos, they heard that my body was free.
  • T: pero la habitación se llenó de mosquitos que habían oído que mi cuerpo estaba libre.
  • A: Vi en la pared un lagarto, pero a ti no, no te vi.

A continuación Cohen introduce algunas metáforas muy visuales que nos indican la desesperación del personaje que se pone a hacer cosas raras con los objetos que de ella quedan en su casa, como meter polvo en sus zapatos. Yo digo que busca entre sus cosas hasta que ordena el cajón. Me hace gracia esa aparente contradicción, buscó tan desesperado que llegó a ordenar las cosas sin darse cuenta, jeje. Bueno, igual es una gilipollez, no digo que no.

  • O: Then I took the dust of a long sleepless night and I put it in your little shoe.
  • T: Entonces tomé el polvo de una larga noche sin sueño y lo puse en tu zapatito,
  • A: Así que busqué entre tus cosas mi fe hasta ordenar el cajón

El prota sigue con su fetichismo y literalmente “tortura el vestido”. Yo soy algo menos hardcore y simplemente lo tiendo y miro a través. Queda claro que lo que vamos a escuchar a partir de aquí es la visión de un hombre del mundo a través del vestido de la amada.

  • O: And then I confess I tortured the dress you wore for the world to look through.
  • T: luego confieso que torturé tu vestido para que el mundo mirara a su través
  • A: e incluso tender tu vestido por ver tu alma a través de algodón.

Entra en escena el primer personaje, el doctor, yo supongo que debe tratarse de un psiquiatra o un terapeuta, que le recomienda olvidarla.

  • O: I showed my heart to the doctor: he said I just have to quit.
  • T: Le mostré mi corazón al doctor: Él dijo que tenía que desistir
  • A: El terapeuta aconseja que te abandone sin más.

Sin embargo, el prota descubre que el doctor está aún peor que él, tanto que escribe el nombre de ella en la receta, en mi versión directamente digo que “me pone enfermo”, con el doble sentido de que me cabrea y agrava mi enfermedad.

  • O: Then he wrote himself a prescription, and your name was mentioned in it!
  • T: Luego el mismo escribió una receta y tu nombre estaba mencionado en ella.
  • A: Me pone enfermo, no deja de preguntar dónde estás.

El prota le ha contagiado su mal al doctor que va empeorando. Cohen sugiere que se obsesiona con el tema y se vuelve loco, yo que se pone muy enfermo.

  • O: Then he locked himself in a library shelf with the details of our honeymoon,
  • T: Luego se encerró con llave en una biblioteca con los detalles de nuestra luna de miel
  • A: Hablar de los dos le produce tal tos y malestar general

Al final, su consulta se arruina o ingresa en el hospital. Dos maneras de decir que acaba fatal quien se suponía que estaba ahí para curar a nuestro héroe.

  • O: I hear from the nurse he’s gotten much worse and his practice is all in a ruin.
  • T: y he oído a la enfermera que se ha puesto mucho peor y su consulta está arruinada
  • A: que corre el rumor de que si va a peor ingresará en su hospital.

Aparece en escena el segundo personaje, un santo. Estos personajes son muy comunes en Cohen, los santos y los sabios, yo he sido mucho más prosaico y he puesto a un exnovio, que también dan cosica.

  • O: I heard of a saint who had loved you, so I studied all night in his school.
  • T: Oí hablar de un santo que te había amado, estudié toda la noche en su escuela
  • A: Y pedí ayuda a tu exnovio, dijo encontrarse bien ya,

En los siguientes versos Leonard sigue brillante y yo con mi prosaísmo.

  • O: He taught that the duty of lovers is to tarnish the golden rule.
  • T: Él pensaba que el deber de los amantes es empañar la regla de oro
  • A: y que el dolor como es obvio en unos meses se va.

El santo resulta ser otro fraude, como el doctor, y esta vez su final es aún más dramático, se suicida en la piscina. En mi caso se tira al metro de sol. ¿Quién no ha fantaseado con un destino así para los ex de su chica…? Vale, solo yo.

  • O: When I was sure that his teachings were pure he drowned himself in the pool.
  • T: y cuando estuve seguro de que sus enseñanzas eran puras se suicidó en la piscina.
  • A: Y cuando entendí que tal vez era así, se arrojó al metro de sol.

El exnovio daba muchos consejitos pero él mismo seguía hasta las trancas, además por si no había quedado claro, resulta que su fantasma o su biografía póstuma nos lo confirma. ¿Nunca os han venido a dar consejos amorosos gente con una desastrosa vida sentimental? No me jodáis, esto no sólo me pasa a mí.

  • O: His body is gone but back here on the lawn his spirit continues to drool.
  • T: Su cuerpo se ha ido pero aquí sobre el césped su espíritu continúa babeando
  • A: Dejó escrito en su biografía que tú le haces perder el control.

Y vamos con el último personaje, el esquimal, un hombre recio que aguanta temperaturas de veinte grados bajo cero. ¿Sucumbirá también? Veremos que sí.

  • O: An Eskimo showed me a movie he’d recently taken of you:
  • T: Un esquimal me enseñó una película que había tomado recientemente de ti
  • A: Miro tu foto y sonrío, eres preciosa y fatal,

Bueno, Cohen empleó una película, yo una fotografía, el caso es que el pobre esquimal la ve y se congela. Me parece una metáfora muy bonita, un esquimal se congela al ver a la chica, es una muestra del gran poder que ejerce la mera imagen de su belleza.

  • O: the poor man could hardly stop shivering, his lips and his fingers were blue.
  • T: El pobre no podía dejar de temblar, sus labios y sus dedos estaban morados.
  • A: Casi se muere de frío cuando la vio un esquimal.

Claro, es que ella estaba desnuda.

  • O: I suppose he froze when the wind took your clothes he just never got warm
  • T: Supongo que se congeló cuando el viento se llevó tu ropa y nunca se calentará
  • A: Y tú sin el último velo de tul, él congelado y azul.

Aquí yo hago un pequeño cambio. Al repetir el estribillo sustituyo el esquimal por la primera persona singular, para indicar que en el fondo es el mismo personaje, de hecho, todos los que aparecen son proyecciones de la mente enferma del protagonista. La canción acaba con el héroe derrotado rogando a la chica para que abra las puertas de esa cruel tormenta de hielo que ha levantado en su contra.

  • O: But you stand there so nice, in your blizzard of ice, oh please let me come into the storm.
  • T: Pero tú permaneces tan linda en tu ventisca de hielo, por favor, déjame entrar en la tormenta.
  • A: Temblando de amor como un espectador de tu glacial resplandor. Déjame entrar por favor.

Y esto ha sido todo. Espero no haberos cabreado más de la cuenta. Podéis dar vuestra propia interpretación en los comentarios. ¡Hasta la próxima!

La cena de los biólogos

El otro día estuve cenando con mis amigos biólogos. Como hacía algún tiempo que no nos juntábamos, la conversación rondaba en torno a los diferentes proyectos de futuro en que cada uno andaba inmerso. Varios reconocimos no tener muy claro qué iba a ser de nosotros si las cosas no cambiaban (las cosas no tienen nada de pinta de cambiar). Otros que estaban metidos en becas, y algunos que se marchaban fuera de España en busca de nuevas oportunidades.

Cuando llegaron los postres alguien me preguntó si seguía con “eso de la música”. Me limité a decir que sí, ahorrándome esta vez la coletilla habitual: “pero es sólo un hobby, nada serio” (como si pidiera perdón, con cara de perrillo apaleao). Así que mi interlocutor insistió:

– ¿Realmente crees que te puedes ganar la vida con eso?

En ese momento me pareció que se hacía el silencio y que todos los comensales se volvían para mirarme, como esperando inquisitivos mi respuesta, pero puede que esto solo fuera producto de mi mente nublada por el vino.

Permanecí pensativo unos segundos.  Me di cuenta de que respondiera lo que respondiera tenía muchas posibilidades de quedar como un gilipollas…

Se me vino a la cabeza la canción de Santy Pérez “¡La música no!, ¡la música NO!, ¡la música NO, ¡¡NO da de comer!!”.

No sé porqué, recordé mis primeros años en la universidad. Mi plan era encontrar un buen trabajo que me permitiera además, dedicar tiempo libre a mis canciones y poemas. No esperaba que la crisis me fuera a dejar en este perpetuo estado de salto al vacío. Al menos en eso no estaba solo. Pensándolo bien, todos habíamos estado planeando detalladamente cómo sería nuestro futuro, qué casa nos íbamos a comprar, qué coche, cuántos hijos, etcétera… y todo… ¿para qué? Nuestras ilusiones habían sido dinamitadas de un plumazo por las razones macro-económicas más peregrinas, y ahora nos veíamos en la inestabilidad total, en el corto plazo, en los curros basura, a salto de mata…

Mi discurso mental iba a toda pastilla cuando fui consciente de que la gente seguía
mirándome, esta vez con una mezcla de curiosidad e hilaridad…

-Se ha quedao pillao…- comentaron. Al final contesté:

– Bueno, creo que en este punto tengo las mismas probabilidades de ganarme la vida como biólogo que como músico, es decir, ínfimas. Así que al menos, voy a intentarlo con lo que más me gusta…

Salí del aprieto, parecieron quedar satisfechos y la conversación siguió por otros
derroteros hasta el final de la velada, que por lo demás resultó de lo más agradable. Desde entonces le he estado dando vueltas a algunas cosas.

¿De verdad era tan importante lo de la casa, el coche, los hijos, el contrato fijo…? ¿Realmente era eso lo que necesitábamos? No lo sé, a lo mejor sí. 

El caso es que tengo una amiga que después de terminar su carrera con las mejores calificaciones está vendiendo sus diseños decorativos por internet, y creo que se encuentra más feliz que nunca, aunque es algo que jamás se le hubiera ocurrido si no se hubiera visto arrinconada por la situación.

En fin, sé que quizás suena muy ingenuo todo eso de reinventarse, desarrollar la
creatividad, perseguir los sueños…No voy a dar ningún consejo, porque cada quien es un mundo y bastante tiene uno ya con mantenerse optimista con la que está cayendo.

Pero he llegado a la conclusión de que prefiero seguir con trabajos basura que me reporten lo justo para vivir, mientras le dedico todas mis energías y empeño a lo que realmente me apasiona. Aunque sea la tarea menos rentable, aunque sea perder el tiempo, aunque no valga para nada. También he decidido dejar de avergonzarme por ello.

Prefiero verme tocando en la calle (Botella mediante) que seguir puerta tras puerta, mendigando el trabajo de mis sueños que puede que nunca aparezca, pidiendo perdón por existir, incomodando al personal que resopla mientras echa mi currículum al montón y me mira con pena y condescendencia.

Y si me preguntan a qué me dedico, le daré la vuelta a los factores para contestar con orgullo: “Soy escritor de canciones, eso sí, dedico mi tiempo libre a sacarme unas pelillas currando en el Mercadona, pero es sólo un hobby, nada serio.”

Nos han condenado a un mundo de incertidumbre, tendremos al menos que
tirar los dados, “Roll the dice“. Bukowski vivió prácticamente como un vagabundo durante muchos años, le duraban los trabajos menos de un mes, casi como nos pasa ahora, y mientras tanto no dejó de escribir y de enviar sus poemas a todas partes. Porque era lo único que sabía hacer, lo único que de verdad le llenaba. Todavía sus versos nos empujan a saltar a lo desconocido, a ser valientes y a no claudicar hasta llegar al final del camino…

“Si vas a intentarlo, ve hasta el final.
De otro modo, no empieces siquiera.

Si vas a intentarlo, ve hasta el final.
Tal vez suponga perder novias, esposas,
parientes, empleos y quizá la cabeza.
Ve hasta el final.
Tal vez suponga no comer durante 3 o
4 días.
Tal vez suponga helarte en el
banco de un parque.
Tal vez suponga la cárcel,
Tal vez suponga mofas, desdén,
aislamiento.
El aislamiento es la ventaja,
todo lo demás es un modo de poner a prueba tu
resistencia, tus auténticas ganas de
hacerlo.
Y lo harás a pesar del rechazo y las
ínfimas probabilidades
y será mejor que cualquier otra cosa
que puedas imaginar.
Si vas a intentarlo ve hasta el final.
No hay sensación parecida.
Estarás a solas con los
dioses y las noches arderán en
llamas.
Hazlo, hazlo, hazlo.
Hazlo.
Hasta el final.
Hasta el final.
Llevarás las riendas de la vida hasta
la risa perfecta, es la única lucha digna
que hay.”

No es que la quisiera demasiado…

pero en fin, ella tenía algunas ocurrencias graciosas y yo cierta capacidad para la risa… Tenía ojos brillantes y un alto nivel de tolerancia hacia mí. También hacia otras personas. Tenía una forma de vestir lo suficientemente decente para ir a cenar a casa en nochebuena (aunque esto no me importara mucho). Tenía formas bonitas y femeninas, una voz que podría dejarse escuchar durante décadas sin hacer chirriar los oídos (y esto sí es importante, porque tengo orejas y demás). En lo referente al sexo… ¿qué puedo decir? Ella tenía dos pechos y yo dos manos. Los dos teníamos más cosas en lo referente al sexo, pero no quiero ser soez.

Encajaban a la perfección, masculino y femenino, nuestros miembros respectivos.

Ocurrió como por error, como suceden las grandes y las pequeñas historias. Simplemente se cruzaron nuestros caminos y decidimos seguir juntos de forma natural.

Al menos un trecho… porque claro, uno se enamora de las ideas y no de las personas. Mi idea estaba en algún otro lado, un lugar donde todo el mundo había estado alguna vez y yo no. Un edén, un ideal, un lago de los cisnes… Conceptos que la mayoría hemos adquirido gracias a un sistema, una educación determinada, la cigarra y la hormiga, los tres cerditos (¡construye una casa, cerdo, no toques la flauta ni cantes “¿quién teme al puto lobo feroz?”!). Películas del guarro de Walt Disney y esa de “En Busca del Valle Encantado”…  Conceptos como “no importa lo que tengas que esforzarte, si sigues buscando encontrarás El Dorado”, “el trabajo os hará libres”, “reza y sacrifícate, ¡te espera el cielo, hermano!”…

El tiempo va haciendo que esos ideales acaben siendo una ceguera que te impide mirar por la ventanilla y disfrutar del camino. Mi película favorita de la factoría Disney es “El jorobado de Notre Damme”, porque en ésta al menos el protagonista no pilla cacho por mucho que se lo curre (si el amigo Walt levantase su congelada cabeza…).

El pagafantas de Notre Damme.

Yo partí en busca de mi lago de los cisnes, y al volver la vista observé que lo había dejado atrás. La vi a lo lejos en la distancia. Ella entonces tenía dos alas… y yo dos manos.

50 sombras de Sasha Grey

Sasha Grey es una actriz de cine porno, lo digo por aclarar, porque sé que probablemente no la conocíais (aunque una vez tuve un amigo que aseguraba ver porno en internet!!).

Sasha Grey. Con esos tacones es capaz de subir las más erectas… ejem, empinadas escaleras…

El caso es que esta chica me ha inspirado no pocas composiciones… últimamente ando cantando mucho una titulada Sombras de Grey (la tenéis al final de este post). La canción relata lo que pasa cuando un hombre está viendo porno y entra su novia súbitamente en la habitación (como habéis imaginado el tipo es mi amigo, el de antes… y como estaréis suponiendo la cosa no acaba muy bien). No quiero destriparos la canción, sólo diré que Sasha Grey es una actriz capaz de hacer volar la imaginación. No me refiero sólo a lo evidente, sino que tiene un puntito especial. Sus ojos, sus gestos… Supongo que me sucede con ella lo que a millones de mujeres con Christian Grey (el protagonista de las cincuenta sombras de ídem), te seduce, te atrapa, pero al fin y al cabo, es ficticio (o inalcanzable, una sombra en cualquier caso). Y eso que me consta que muchas amigas tras leer el libro se han visto decepcionadas por sus parejas al verles incapaces de estar a la altura del tal Grey. Ellos, como es normal, han devorado el libro voraces y se han comprado un traje de cuero y una fusta. Ellas, al verles de esa guisa, han perdido definitivamente el contacto con la realidad y sólo sueñan con el misterioso hombre apuesto de la novela.

Cincuenta sombras de Grey ya se vende con todo el kit del buen sado-masoquista

Y es que Christian a pesar de ser un poco “guarreras” (tira de esposas a la mínima) resulta todo un caballero, protector y tierno a partes iguales. Sasha sin embargo, tiene un lado más salvaje y si se juntaran alguna vez estos dos, probablemente el seductor del best seller acabaría hecho un trapo. ¡Bravo por la actriz!

Encuentros imposibles aparte, Sasha ha dejado oficialmente el mundo del porno y se ha hecho escritora, incluso enseña a los niños las virtudes de la lectura desde pequeños.

Sasha Grey cual “mosquita muerta” por las escuelas estadounidenses.

No seré yo quien reniegue de los placeres que ofrece la buena literatura, pero como diría Brassens, buscar en ello un afrodisíaco, no, eso es una utopía… y que me perdone doña E. L. James pero donde esté lo audiovisual…. Además, podéis llamarme escrupuloso, pero la literatura erótica siempre me ha producido cierto prurito, sobre todo cuando empiezan las descripciones detalladas de jugos y fluidos, algo que no suele faltar. En fin, querida Sasha, muchos son los que te echarán de menos. Aquí va el pequeño homenaje de los Factotum, “Sombras de Sasha Grey”:

No olvidéis dejar una respuesta!!