No es que la quisiera demasiado…

pero en fin, ella tenía algunas ocurrencias graciosas y yo cierta capacidad para la risa… Tenía ojos brillantes y un alto nivel de tolerancia hacia mí. También hacia otras personas. Tenía una forma de vestir lo suficientemente decente para ir a cenar a casa en nochebuena (aunque esto no me importara mucho). Tenía formas bonitas y femeninas, una voz que podría dejarse escuchar durante décadas sin hacer chirriar los oídos (y esto sí es importante, porque tengo orejas y demás). En lo referente al sexo… ¿qué puedo decir? Ella tenía dos pechos y yo dos manos. Los dos teníamos más cosas en lo referente al sexo, pero no quiero ser soez.

Encajaban a la perfección, masculino y femenino, nuestros miembros respectivos.

Ocurrió como por error, como suceden las grandes y las pequeñas historias. Simplemente se cruzaron nuestros caminos y decidimos seguir juntos de forma natural.

Al menos un trecho… porque claro, uno se enamora de las ideas y no de las personas. Mi idea estaba en algún otro lado, un lugar donde todo el mundo había estado alguna vez y yo no. Un edén, un ideal, un lago de los cisnes… Conceptos que la mayoría hemos adquirido gracias a un sistema, una educación determinada, la cigarra y la hormiga, los tres cerditos (¡construye una casa, cerdo, no toques la flauta ni cantes “¿quién teme al puto lobo feroz?”!). Películas del guarro de Walt Disney y esa de “En Busca del Valle Encantado”…  Conceptos como “no importa lo que tengas que esforzarte, si sigues buscando encontrarás El Dorado”, “el trabajo os hará libres”, “reza y sacrifícate, ¡te espera el cielo, hermano!”…

El tiempo va haciendo que esos ideales acaben siendo una ceguera que te impide mirar por la ventanilla y disfrutar del camino. Mi película favorita de la factoría Disney es “El jorobado de Notre Damme”, porque en ésta al menos el protagonista no pilla cacho por mucho que se lo curre (si el amigo Walt levantase su congelada cabeza…).

El pagafantas de Notre Damme.

Yo partí en busca de mi lago de los cisnes, y al volver la vista observé que lo había dejado atrás. La vi a lo lejos en la distancia. Ella entonces tenía dos alas… y yo dos manos.

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